Saltar al contenido

Neofeudalismo y retorno de la inquisición. Domingo Mestre

  • por
 Arriba: Acción de protesta contra el cierre de E-valencia.org en el IVAM. Este texto fue publicado inicialmente dentro del catálogo del proyecto Individual Citizen Republic ProjectTM: El Sistema, que acompañaba  la exposición de Daniel G. Andújar que pudo verse en el Espai ZER01, Olot, 2003/2004. En 2007 fue incluido dentro del Ensayo Arte, cultura e impostura. Escritos y documentos de agitación cultural en el País Valenciano, editado Comissariat As. Reus, 2007.
Lo malo de la izquierda americana es que traicionó para salvar sus piscinas. Y no hubo unas derechas americanas en mi generación. No existían intelectualmente. Solo había izquierdas y estas se traicionaron. Porque las izquierdas no fueron destruidas por McCarthy; fueron ellas mismas las que se demolieron dando paso a una nueva generación de nihilistas. Orson Welles

La «nobleza» empresarial. Corren malos tiempos, pero no solo para la lírica, como decía la canción, sino también para el resto de la producción subjetiva y para las libertades individuales. El desarrollo de la sociedad de la información está propiciando una profunda transformación social que afecta ya la práctica totalidad de los ámbitos de nuestras vidas. En este «nuevo mundo», en permanente evolución, resulta fácil detectar el retorno de algunas características neofeudales[1] que se están combinando, más o menos turbulentamente, con el siempre pendiente sueño ilustrado de la emancipación social y con el dogma neoliberal de la búsqueda del beneficio a toda costa. Pese a la pervivencia de los viejos Estados-Nación y de su monopolio de la violencia legal –que no del verdadero poder de ejercerla–, lo cierto es que, por sus peculiares características, esta reorganización imperial solo puede ser administrada eficazmente contando con la colaboración de lo que Echeverría denomina los nuevos Señores del Aire;[2] un reducido grupo de empresas privadas y corporaciones semipúblicas que son las propietarias y administradoras del espacio virtual encargado de canalizar los flujos de información. Junto a los viejos Señores de la Guerra (los fabricantes de armas) y los Señores de la Especulación[3] (los propietarios de bancos y financieras), conforman entre todos ellos una nueva aristocracia del dinero, que es la que está rediseñando en la práctica, siempre de acuerdo con sus necesidades estratégicas, el universo que habitamos. Naturalmente, esta decisiva función pre-legislativa –e incluso pre-ejecutiva– que ejercen los grandes lobbies económicos debe seguir manteniéndose en la sombra, como siempre se ha hecho, puesto que no sería de recibo seguir hablándole al pueblo de libertad y de democracia de saberse que quienes imponen las directrices básicas son este reducido grupo de «Caballeros» del dinero.

Un dato importante a tener en cuenta es que, en el contexto actual, la resolución de los conflictos antagonistas se desarrolla, principalmente, en el ámbito simbólico del espacio mediático. De ahí proviene la importancia que ha adquirido su control, pues de él dependerá, finalmente, no solo el resultado de las próximas convocatorias electorales, sino también la cotización en bolsa de los valores relativos de la nueva nobleza. Y de aquí emana también el creciente interés de las empresas por maquillar su imagen pública mediante el mecenazgo y el patrocinio de todo tipo de actividades filantrópicas y culturales. Al respecto, Rodríguez Casanueva, empresario y presidente de Philantropos, afirmaba hace unos días que:

El año 2003 es el de la Responsabilidad Social de la Empresa (RSE) en nuestro país […] el mecenazgo empresarial es en esencia un juego en el que todas las partes implicadas pueden y deben obtener beneficios netos.[4] 

Una desigual partida, claro, en la que el supuesto provecho social de los necesitados no tiene por qué estar vinculado a sus necesidades reales, pero sí subordinado a los intereses de quienes los promueven.

 

Las germanías de la precarización. La lúcida intuición por parte de los diferentes grupos resistentes de que la situación construida exige respuestas locales para los problemas globales y de que el punto débil del sistema se encontraba, principalmente, en el sabotaje simbólico de las grandes ceremonias sacras de la globalización del capital (reuniones de la OMC, FMI, BM, OCDE…) ha conseguido inesperadas victorias mediáticas en la inacabable lucha entre quienes mandan y la multitud de quienes obedecen. Un éxito incuestionable, en cuanto a visibilidad se refiere, que ha llenado el orbe de nuevas esperanzas. Sin embargo, también ha creado una fuerte dependencia espacial y temporal respecto a estos fastos, aspecto que está restando autonomía al movimiento y facilitando su neutralización al hacer depender sus acciones de las convocatorias de los poderosos Señores.[5] Igualmente exige una espectacularización de las formas que no siempre ha sido bien planificada o adecuadamente contrarrestada con la aportación de contenidos específicos y de modos diferentes de hacer las cosas; aspecto este que está marcando las actuales limitaciones de la fórmula.

No obstante, la parte positiva de toda esta aventura es la demostración práctica de que otras formas de heteroorganización son verdaderamente posibles. De hecho, ya no son los partidos que se dicen de izquierdas o los sindicatos quienes marcan las directrices a seguir en los conflictos sociales sino directamente los diferentes colectivos agredidos, los sin pan y los sin tierra, los sin techo y los sin trabajo, los sin papeles y los sin cultura, es decir los precarios en algún sentido, quienes toman la iniciativa continuamente y gestionan sus propias redes de apoyos y de defensa (des)organizada, gracias, en muchos casos, a las capacidades que ahora ofrecen algunas nuevas tecnologías.

Sin ninguna duda, en el futuro próximo será el respeto a la pluralidad y a las diferencias el que va a marcar las líneas directrices para la vertebración de una verdadera «sociedad civil de abajo».[6] La única forma de conseguir frenar de algún modo las desbocadas ambiciones de los que siempre están por el «arriba». Por eso, creo que el desafío colectivo pasaría por recuperar la iniciativa, liberándola de la servidumbre respecto de los grandes fastos globales para ampliar su campo de actuación hasta los medianos e incluso los pequeños eventos (especialmente los culturales), que son los que están legitimando ahora, como antaño hiciera el clero disperso con las decisiones feudales, las políticas que más directamente nos afectan. Igualmente, parece deseable intentar construir alguna especie de macrofórmula de resistencia antisistémica entre todos los grupos sociales damnificados por el actual sistema. Una empresa colectiva en la que técnicos y profesionales de la comunicación (ingenieros, informáticos, periodistas, teóricos, artistas, etc.) tienen mucho que aportar y de la que solo sabemos con seguridad que, necesariamente, habrá de sustentarse en una estructura diferente a la de la actual sociedad civil construida por la burguesía; la cual, no hay que olvidarlo, es la que sostiene el actual imperio indiscutible del Capital.

El clero cultural. En este nuevo orden imperial[7] el único dios indiscutible es el Dinero, tan respetado y adorado por los Señores como por sus siervos. Su religión oficial ya no es la economía, como cabría imaginar, sino la cultura, que es la que otorga a los dictados de la primera disciplina la categoría de verdades indiscutibles. Es así como intelectuales y artistas forman parte relevante del nuevo clero evangelizador –y en muchos casos mendicante–[8] con la particularidad, además, de que la heterodoxia, que a los librepensadores les es consustancial, forma ahora parte de la ortodoxia eclesiástica. Una cruel paradoja que, con más frecuencia de la deseable, convierte el disentimiento artístico en sometimiento, y a la representación acrítica de los conflictos en verdadero soma adormecedor de la feligresía.

Al igual que en la Edad Media, la connivencia actual entre la neonobleza y el clero de siempre es casi absoluta, limitándose las divergencias a cuestiones de forma y, sobre todo, de cantidades. En estas condiciones no resulta extraño que el arte se esté muriendo de éxito, agobiado por las necesidades de la mercadotecnia cultural y del mecenazgo empresarial, ni que la cultura sea objeto de deseo, incluso para los más zafios e incultos Caballeros. Dado que esta utilización del arte como propaganda –o, en el mejor de los casos, como lenitivo– aporta bien poco a la causa común, la supervivencia del viejo espíritu emancipador que acompañaba al proyecto utópico del arte moderno se muestra como una contradicción, absolutamente necesaria, que se refugia hoy, a duras penas, en contadas heterotopías en marcha, casi siempre virtuales, que todavía mantienen cierta autonomía de gestión.

En cualquier caso, resulta reconfortante saber de la existencia de artísticas ficciones corporativas como Technologies To The People (TTTP), una firma,[9] puntera en el campo del mecenazgo privado, que ha hecho agnóstica profesión de fe del desvelamiento de las contradicciones ocultas en el sistema. Su original gama de productos simbólicos, siempre irónicamente destinados al uso del «pueblo», y sus campañas de alfabetización digital de las masas constituyen pequeños contrapuntos necesarios frente a las múltiples medidas populistas que continuamente intentan someter a los de abajo con el ilusionante yugo de la promesa de su salvación. Junto a estas campañas, el mantenimiento de herramientas de participación informativa y comunicacional en red, como la web e-valencia.org, marcan la diferencia cualitativa frente a otras empresas o proyectos similares que, igualmente desde el ámbito artístico pero sin conseguir escapar de él, están intentando arrojar algún tipo de luz sobre las brumas del nuevo sistema.

Este último proyecto de TTTP resulta especialmente interesante por diversos motivos. En su origen, formaba parte de la exposición The Power of Security[10] y nació como un portal web alojado en el servidor del Museo de la Universidad de Alicante (MUA). La página, desarrollada como todos los proyectos de esta firma a partir del software libre, contiene una revista de prensa que se actualiza diariamente y un archivo de noticias culturales de ámbito valenciano. Toda la información contenida es de libre acceso y se caracteriza por la facilidad que ofrece para la participación de los usuarios. Algo que ha permitido a los más de dos mil quinientos usuarios[11] «sin nombre» que la visitaban diariamente expresar sus argumentadas opiniones, públicamente y sin mediaciones, durante los dos últimos años.[12]

La inteligente utilización de las posibilidades del anonimato ha permitido, pese a las numerosas polémicas suscitadas,[13] explorar ámbitos de colaboración desconocidos entre quienes poseen la información privilegiada y el deseo de hacerla pública (pero no pueden identificarse por el riesgo de ser represaliados o incluso perder su empleo) y quienes poseen la inteligencia para interpretarla adecuadamente, sin ostentar un nombre público que les abra las puertas hacia la visibilidad mediática. El continuo transvase de información en ambas direcciones ha provocado un permanente feedback que se ha traducido en un aumento exponencial de la calidad de la información, fenómeno que ha permitido vislumbrar el enorme potencial oculto de lo que algunos denominan, provocadoramente, «intelectualidad de masas».[14]

El particular hechizo de este proyecto proviene de la excepcional recepción que obtuvo por parte de un fermento social extremadamente necesitado de este tipo de herramientas y al que le ha importado siempre un bledo su posible carácter artístico. Sus más de setecientas cincuenta mil visitas,[15] durante los dos últimos años, han generado verdadero «arte público» sin proponérselo y, al tiempo, han colaborado activamente para desenmascarar los entramados ocultos tras las políticas culturales de la Comunidad Valenciana. Utilizando esta herramienta se organizó la resistencia ciudadana contra el cierre del Centro del Carmen del IVAM, contra el II Encuentro Mundial de las Artes y contra la II Bienal de Valencia. Desde allí se han denunciado continuamente tanto las carencias de la educación pública como la incoherencia de una política cultural volcada en la creación de infraestructuras sin contenido, facilitando líneas de investigación que posteriormente han sido desarrolladas por los media tradicionales. De las sinergias suscitadas en el foro surgió el colectivo crítico Ex Amics de l’IVAM, que ha conseguido reunir todo un calidoscopio de posturas divergentes frente al fenómeno artístico, el cual ha sabido converger unitariamente, en momentos puntuales, para dar más fuerza a sus reivindicaciones.[16] Y de este embrión de voluntades nació la asociación Ciutadans per una Cultura Democràtica i Participativa, la cual, a su vez, se halla integrada en una plataforma de asociaciones cívicas y ciudadanas (1+1+1= Muchos) desde la que se están explorando nuevas fórmulas de participación ciudadana en los asuntos públicos. Todo un rizoma de flexible tejido social que, con una organización mínima y al parecer soportable, está modificándose continuamente al ritmo de los acontecimientos y de los flujos del deseo colectivo.

El retorno de la inquisición. Tanto la propaganda como la censura son actividades que se vienen practicando desde muy antiguo. Sin embargo, la libertad de expresión es una conquista reciente, paralela a las revoluciones burguesas, que solo empieza a generalizarse, en los países «democráticos», tras la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, esta expansión fue impulsada por la coalición aliada como antídoto preventivo ante la peligrosa eficacia que había demostrado la combinación de represión y propaganda desarrollada por el ministro Goebbels en la Alemania nazi –la famosa Exposición de arte degenerado fue una arriesgada apuesta suya que cumplió todas las expectativas y abrió el paso a la posterior manipulación política del arte antagonista–.

En muy poco tiempo, la cada vez más creciente libertad de creación se convirtió, sobre todo a través del Congreso para la Libertad Cultural de Berlín –patrocinado ocultamente por la CIA–, en la bandera del llamado «mundo libre» y en el símbolo de la fe democrática que debía marcar la diferencia con las «dictaduras» durante todo el desarrollo de la Guerra Fría. Una diferencia que fue más simbólica que real puesto que, como correctivo paralelo a esta expansión de las libertades, apareció también la «caza de brujas» del Comité de Actividades Antiamericanas, cuyo legado más destacable consistió en la profunda interiorización de la autocensura en ese país.

De cualquier forma, la función de las artes ha sido siempre doble: por una parte, han servido para enaltecer la grandeza de quienes (las) mandan; por la otra, han actuado como catalizador de los sueños individuales y colectivos para quienes las disfrutan –o quienes las sufren, que de todo hay–. Al margen de estas funciones específicas, lo más destacable de ellas no es su supuesta trascendencia, algo en lo que hoy ya nadie cree sinceramente, sino el hecho de que albergan la potencial capacidad de abrir grietas o fisuras en los campos estancos de lo que en cada momento resulta pensable. Por ellas han brotado, históricamente, fragmentos de conocimiento inaccesibles por otros medios –a pesar de su tradicional utilización para el sometimiento– y de ahí proviene que su especial necesidad de libertad sea un asunto de verdadero interés general.

Si, como afirman algunos,[17] la posmoderna censura del siglo xxi habría de estar basada más en la saturación informativa que en la supresión de la información[18] –aunque solo fuera por una mera cuestión de racionalización de los recursos–, el retorno al silenciamiento forzoso de la disidencia es un anacronismo que recuerda los métodos descritos en El manual de los inquisidores (siglo xiii), donde se advertía a los timoratos:

Cualquier pueblo, cualquier nación que permita en su seno el brote de la herejía, la cultive y no la extirpe a tiempo, se pervierte, se aboca a la subversión y hasta puede desaparecer.[19]

Víctimas de la actualización de estos rancios principios, las Dixie Chicks, un popular trío femenino de country norteamericano que se atrevió a criticar públicamente la ocupación de Irak, han visto como su música pasaba, en unos días, del número uno en las listas de éxitos a desaparecer de las emisoras de radio, al tiempo que sus ranchos eran saqueados y se las amenazaba de muerte:

Se ha demostrado que fue una maniobra de la derecha republicana. El partido está muy bien organizado. Llamaron por teléfono y enviaron correos electrónicos a las emisoras pidiendo que no pincharan nuestras canciones […] Locutores honestos empezaron a investigar la procedencia de la decena de miles de llamadas y correos. Descubrieron que la mayoría de las protestas partieron de la sede central del Partido Republicano.[20]

En el ámbito estatal, la situación no es muy diferente pues, tras un corto paréntesis de europeizada normalidad, en los últimos meses se están acumulando los casos de abuso de poder por parte de instituciones culturales. En agosto del año pasado, en plena crisis hispano-marroquí por el dominio de la isla Perejil, la dirección de la Obra Social Cajastur decidía anular la muestra Fez, ciudad interior de Toni Serra en el Palacio de Revillagigedo de Gijón. Durante el último Festival de Cine de San Sebastián, la ministra de Cultura desataba una furiosa campaña de descalificaciones contra la película de Julio Medem, La pelota vasca, que cabe calificar, sin exageraciones, de «contrarreformista». Rozando ya el esperpento puritano, la asociación integrista E-cristians ha utilizado el envío masivo de mensajes electrónicos para presionar a los responsables del Institut de Cultura de Barcelona y conseguir que se cambiara el título de una muestra del artista Jaume Alcalde titulada Mecagum Déu. Vídeos familiars sobre el nacionalisme. Pero la gota que colma el vaso de esta regresión (al menos por el momento) es la impune desconexión del servidor del MUA de la web e-valencia.org, una decisión, inducida por ocultas presiones de altas instancias de la Administración valenciana, que supera el ámbito estricto de la censura dado que, al tratarse e-valencia, al menos desde cierto punto de vista, de un proyecto de art in progress, su interrupción equivale a la deliberada destrucción de una obra de arte.[21]

Un rayo de luz entre brumas y tinieblas. Como afirma la Asociación de Artistas Visuales de Cataluña, en estos momentos «hay un evidente retroceso en el respeto a las libertades de expresión y creación en el Estado español».[22] Un fenómeno del que lo más preocupante no es el hecho en sí de la censura concreta (aunque mención aparte merezca el rol de cazador de brujas ejercido por Kosme de Barañano, el actual director del IVAM)[23] sino las previsibles autocensuras futuras que este oscuro ambiente represivo puede llegar a inducir. Y, sobre todo, la desazón que provoca saber que instituciones con autonomía de gestión como la Universidad de Alicante se están plegando con tanta facilidad a estas deleznables maniobras.

No son buenos tiempos, ya lo dije al principio, pero desde siempre los trovadores saben que tras la noche oscura retorna el alba. La parte positiva de todas estas maniobras represivas podría extraerse de la clarificación que se obtiene cuando la presión de los hechos obliga a la gente de la cultura a posicionarse públicamente; más aún si intentamos aprender un poco de la historia reciente:

«Los intelectuales, como colectivo, no estuvieron a favor de la caza de brujas, pero tampoco estuvieron manifiestamente en contra, limitándose a asumir una dorada marginalidad frente al conflicto. Era suficiente: también para décadas, la cultura americana sería globalmente dócil».[24]

En este sentido, la recogida de firmas contra un flagrante abuso de poder como es el cierre injustificado de e-valencia.org ha resultado de lo más reveladora. Y no solo por los comentarios que acompañaban a las adhesiones, algunos de ellos bien sabrosos, sino por los estrafalarios argumentos esgrimidos para no hacerlo por quienes perteneciendo al nuevo monacato cultural alardean de su talante liberal y de su compromiso antagonista o con la libertad. Sin dogmatismos ni estridencias, este texto está dedicado a todos ellos.

[1]. Eco, Colombo, Alberoni y Saco, La nueva edad media, Alianza, Madrid, 1990. En esta publicación se abordan muchos otros aspectos relacionados con el tema que aquí nos resulta imposible tratar adecuadamente.

[2]. Javier Echeverría, Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno, Destino, Barcelona, 1999.

[3]. Cabe anotar también el enorme poder de los Señores del Ladrillo, con capacidad para sabotear las elecciones autonómicas del 2003 en la Comunidad de Madrid y colocar como presidenta a la candidata del partido que vela por sus intereses.

[4]. Manuel Rodríguez Casanueva, «Jugar a que todos ganen», El País, 23.10.2003, p.69..

[5]. Tras los primeros éxitos por sorpresa, el control de pasaportes y la suspensión temporal del derecho de tránsito de los ciudadanos europeos han conseguido neutralizar, casi totalmente, este tipo de actividades.

[6]. Véase Francesc Houtart, «Sociedad civil y espacios públicos», en Foro Social Mundial (Monereo y Riera, eds.), Porto Alegre, otro mundo es posible. El Viejo Topo, Barcelona, 2001.

[7]. La versión original incluía varias citas al ya citado Imperio de Hart y Negri, pero ahora las he eliminado porque en el capítulo siguiente se desarrolla más ampliamente este aspecto.*

[8]. Véase en relación con este aspecto, Robert Hugues, La cultura de la queja, Anagrama, Barcelona, 1994.

[9]. Tómese lo de la firma al pie de la letra, puesto que toda la compañía se concentra en ella. Surgida a raíz del título de una exposición de Daniel G. Andújar, desde entonces le ha servido de pantalla para promover diversas iniciativas, más o menos subversivas, desde el respetable respaldo que le otorga la pertenencia simulada a esa nueva «caballería» del dinero que son las multinacionales.

[10]. Una muestra individual del citado artista que fue presentada a finales de 2001 en la Galería Visor de Valencia.

[11]. Cifra que ahora, al revisar el texto, resulta ridícula, dado que en las mejores épocas ha llegado a contabilizar medias de entre quince y veinte mil visitantes diarios. No obstante, a finales de 2001, cuando se lanzó el proyecto (coincidiendo con el nacimiento de lo que después se llamó la web 2.0), estos resultados eran más que destacables.*

[12]. Su gran aceptación por parte de la ciudadanía dio lugar al nacimiento de diferentes variantes locales del mismo principio básico como e-barcelona, e-arco o e-toulouse.

[13]. «El proyecto versa sobre los límites de las libertades y de cómo puede afectar a nuestra sociedad el uso de nuevas tecnologías, cómo puede nuestra sociedad autorregularse formalmente en un contexto tan específico como el creado para e-valencia» Entrevista a Daniel G. Andújar, http://somiatruites.blogalia.com/historias/12561 (2004).

[14]. Véase Paolo Virno, Virtuosismo y revolución, Traficantes de Sueños, Madrid, 2003.

[15]. Ahora mismo hablaríamos de más de diez millones de visitas.

[16]. Cuya eficacia política cabe valorar en función de las histéricas reacciones que ha suscitado: desde el departamento pedagógico del IVAM se ha editado recientemente un cómic en el que el malvado Doctor Hipnos, un «antiguo amigo del IVAM ofendido», intenta hipnotizar al público del Museo para vengar su falta de reconocimiento. Finalmente, es derrotado por el personal de dirección a golpes de ¡escultura de Julio González! Una increíble estrategia de manipulación infantil que, sin embargo, recuerda la vinculación ideológica del cine Disney con la «caza de brujas» del senador McCarthy.

[17]. Véase Ignacio Ramonet, La tiranía de la comunicación, Debate, Madrid, 1998.

[18]. Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que la censura clásica haya desaparecido totalmente en algún momento sino, más bien, que mayoritariamente ha ido adoptado otras formas más sibilinas y acordes con la situación. Al respecto, el proyecto The File Room, iniciado por el artista Antoni Muntadas, recoge información actualizada de la mayor parte de los casos que se siguen produciendo en http://www.thefileroom.org.

[19]. N. Eimeric y F. Peña, El manual de los inquisidores, Muchnik, Barcelona, 1983, citado por Manuel Alcaraz Ramos, Información y poder, Valencia, Generaliatat Valenciana, 1994, p. 37.

[20]. Luis Gómez, «El «country» combativo» en El País Semanal, 26.10.2003, p. 25.

[21]. Y «La destrucción de la obra de arte tiene para nosotros, todavía, algo de sacrílego», Hans George Gadamer, La actualidad de lo bello, Paidós, Barcelona, 1999, p. 88.*

[22]. Véase http://www.e-barcelona.org/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=2226 (2004).

[23]. Obsesionado en localizar a los trabajadores que filtran información confidencial en e-valencia sobre las turbias maneras con las que dirige el museo.

[24]. Orson Wells citado por Manuel Alcaraz Ramos, op. cit. pp. 228-229.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *