{"id":329,"date":"2018-04-11T20:32:24","date_gmt":"2018-04-11T20:32:24","guid":{"rendered":"http:\/\/contracensura.com\/?p=329"},"modified":"2018-04-17T12:23:10","modified_gmt":"2018-04-17T12:23:10","slug":"cartas-a-la-carcel-anna-gimein","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contracensura.com\/?p=329","title":{"rendered":"Cartas a la c\u00e1rcel. Anna Gimein. Ilustraci\u00f3n: Despu\u00e9s de Pavlensky. Fernando Baena"},"content":{"rendered":"<p>Con quince a\u00f1os, hice algo que las j\u00f3venes solitarias hac\u00edan en aquella \u00e9poca aun de las cartas; escribir a un preso. Contest\u00e9 a un anuncio por palabras que vi en un peri\u00f3dico por casualidad. Consegu\u00ed intercambiar unas cuantas cartas con un joven encarcelado por robo a mano armada antes de que me madre me pillara y pusiera fin a la situaci\u00f3n. No era tan rebelde como para continuar a escondidas, sobre todo porque, a decir verdad, las cartas que recib\u00eda eran un tanto torpes y aburridas; probablemente, parte de mi se alegr\u00f3 de tener un motivo externo para cortar la correspondencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pocas cartas personales viajan ya por el mundo real, pero sigue existiendo un contexto en el que las palabras sobre papel enviadas por correo, contin\u00faan teniendo importancia: la c\u00e1rcel. Estos d\u00edas, doy vueltas a la carta que podr\u00eda escribir a un hombre. Es artista. Conozco su trabajo desde hace a\u00f1os. Durante ese tiempo, una parte importante de su vida ha transcurrido en diferentes c\u00e1rceles. Y es por eso que he llegado a hablar con su compa\u00f1era, su curador, su galerista, su editora, su abogada, alg\u00fan amigo, el inspector encargado de una de sus causas, pero no con \u00e9l. En la esperanza de que pronto estar\u00e1 en libertad, he pospuesto este gesto personal, pensando que una carta de una desconocida no ser\u00e1 otra cosa que sino un gesto vac\u00edo, quiz\u00e1s una molestia. Con el tiempo, he entendido que el encarcelamiento puede prolongarse y que, con el poco mundo exterior que penetra en una celda de r\u00e9gimen de aislamiento de una prisi\u00f3n, incluso una prisi\u00f3n europea, una carta de una desconocida puede ser bienvenida. Pero, \u00bfqu\u00e9 decirle a un hombre a qui\u00e9n no conozco? Hubiera sido m\u00e1s f\u00e1cil escribirle antes, cuando a\u00fan era un extra\u00f1o para mi.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su nombre es Pyotr Pavlensky. En este tiempo, he le\u00eddo varias cartas escritas por \u00e9l desde la prisi\u00f3n: respuestas a preguntas de entrevistas realizadas necesariamente por escrito, algunas cartas a amigos que se han hecho p\u00fablicas. Conozco su voz por pel\u00edculas y v\u00eddeos anteriores y, cuando leo, le oigo decir las palabras en la forma c\u00e1lida y abierta que tiene su habla. Las cartas, por lentas que sean en alcanzar a sus destinatarios, siempre han sido, y en muchas ocasiones a\u00fan son, uno de los pocos medios que tienen los reclusos para comunicarse con el mundo exterior.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las cartas desde prisi\u00f3n son un g\u00e9nero que ha dado buenos frutos. Leemos cartas escritas en prisi\u00f3n por Nelson Mandela y el Marqu\u00e9s de Sade, Antonio Gramsci y Rosa Luxemburg. Cervantes comenz\u00f3 el Quijote en prisi\u00f3n; y Fran\u00e7ois Villon escribi\u00f3 poes\u00eda mientras le esperaba la horca. De Pushkin a Mandelshtam a Brodsky, los poetas rusos escrib\u00edan en un exilio que frecuentemente se asemejaba a la c\u00e1rcel. Oscar Wilde escribi\u00f3 en la c\u00e1rcel una carta de 50.000 palabras. Algunas de ellas son \u00e9stas:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cAl principio de mi reclusi\u00f3n hubo quien me aconsej\u00f3 que intentase olvidar qui\u00e9n era. El consejo no pod\u00eda ser m\u00e1s desgraciado. Tan s\u00f3lo d\u00e1ndome cuenta de lo que soy he podido hallar alg\u00fan consuelo. Ahora hay quien me aconseja tambi\u00e9n que, en cuanto sea puesto en libertad, procure olvidar que he estado en la c\u00e1rcel. Mas s\u00e9 que esto ser\u00eda igualmente fatal, pues toda mi vida me sentir\u00eda perseguido por un insoportable sentimiento de verg\u00fcenza [&#8230;] El lamentar la propia existencia es como impedir el propio desarrollo; el negar su propia experiencia es como sellar con una mentira los labios de su propia vida. No es menos que intentar renegar de su propia alma.\u201d<\/p>\n<p>(<em>De profundis<\/em>, 1897)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Estoy trabajando en un proyecto basado en un interrogatorio policial de Pavlensky en relaci\u00f3n con una de sus acciones del 2014. Parte del t\u00edtulo del proyecto es <em>If this is art<\/em>, una clara referencia al meollo de las causas judiciales en su contra (acto art\u00edstico versus acto delictivo), pero lo adopt\u00e9 pensando en el t\u00edtulo del libro de Primo Levi, <em>If this is a man<\/em> (<em>Si esto es un hombre)<\/em>. En \u00e9l, el autor recuerda las palabras de un tal Steinlauf, un sargento del ejercito austro-h\u00fangaro durante la Primera Guerra Mundial, cuyo sentido es que<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c \u2026somos esclavos, sin ning\u00fan derecho, expuestos a cualquier ataque, abocados a una muerte segura, pero que nos ha quedado una facultad y debemos defenderla con todo nuestro vigor porque es la \u00faltima: la facultad de negar nuestro consentimiento.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aquella facultad es la que ejerce y representa Pyotr Pavlensky. Su negativa a transacciones monetarias en relaci\u00f3n con su trabajo art\u00edstico, su \u00e9nfasis en la interacci\u00f3n personal con todos, en la asistencia mutua, sus intentos de provocar un cuestionamiento del estatus quo de nuestra sociedad y de las reglas por las que vivimos, todo est\u00e1 en relaci\u00f3n directa con las palabras de Primo Levi; son intentos de evitar la \u201cdemolici\u00f3n del hombre\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Levi hablaba del Auschwitz y otros <em>lagers<\/em> alemanes; nosotros vivimos en un tiempo en el que Europa y otros continentes est\u00e1n una vez m\u00e1s cubiertos de campos. En esta ocasi\u00f3n, de refugiados. Los esfuerzos de Pavlensky por hacer lo que considera que debe, le han llevado a comisarias y prisiones de Rusia, y ahora de Francia. En una de sus cartas desde Fleury-M\u00e9rogis, la c\u00e1rcel m\u00e1s grande de Europa, escrib\u00eda: \u201cLa prisi\u00f3n, como un oscuro compa\u00f1ero, sigue al que elige el camino del artista y del arte pol\u00edtico; a veces te alcanza\u201d. En ocasiones festivas, no puedo evitar pensar en c\u00f3mo durante un anterior encarcelamiento, en el d\u00eda de su cumplea\u00f1os, su compa\u00f1era fue a lanzar cohetes bajo los muros de la c\u00e1rcel en la esperanza que las oiga. Y recordar el <em>Ep\u00edlogo<\/em> del <em>Requiem<\/em> de Anna Akhmatova:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>He entendido c\u00f3mo los rostros se vuelven huesos,<\/p>\n<p>c\u00f3mo acecha el terror debajo de los p\u00e1rpados,<\/p>\n<p>c\u00f3mo el sufrimiento inscribe sobre las mejillas<\/p>\n<p>las duras l\u00edneas de sus textos cuneiformes,<\/p>\n<p>c\u00f3mo los lucientes rizos negros o los rubios cenizos<\/p>\n<p>se vuelven plata deslustrada de la noche a la ma\u00f1ana,<\/p>\n<p>c\u00f3mo las sonrisas se esfuman de los labios sumisos,<\/p>\n<p>y el miedo tiembla con una risita entre dientes.<\/p>\n<p>Y no s\u00f3lo ruego por m\u00ed, sino por todos<\/p>\n<p>los que permanecieron afuera de la prisi\u00f3n conmigo<\/p>\n<p>en el amargo fr\u00edo o en el ardiente verano<\/p>\n<p>debajo de este insensato muro rojo.<\/p>\n<p>(Fontanny Dom, San Petersburgo, 1940. Traducci\u00f3n de Kyra Galv\u00e1n)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las acciones de Pavlensky son un ejercicio extremo de libertad y de negaci\u00f3n absoluta a la auto-censura. Ha clavado su escroto a los adoquines de la Plaza Roja; ha cumplido siete meses de prisi\u00f3n preventiva tras incendiar la puerta del FSB (el Servicio Federal de Seguridad Rusa, que reemplaza a la KGB y contin\u00faa en el mismo lugar infame, la Lubyanka). Est\u00e1 en el s\u00e9ptimo mes de prisi\u00f3n preventiva por incendiar las ventanas del Banco de Francia, ubicado en el lugar exacto de la Bastilla; le esperan hasta diez a\u00f1os de prisi\u00f3n. En cada caso, hizo lo que juzg\u00f3 necesario, desde la perspectiva art\u00edstica, pol\u00edtica y vital, sin importar las consecuencias. Dispuesto a aceptar las consecuencias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed que pienso en escribirle una carta. Si llega, tardar\u00e1 semanas o meses tras ser enviada para su traducci\u00f3n al franc\u00e9s, remitida para la revisi\u00f3n de su contenido, solo quiz\u00e1s entregada a un hombre que no me conoce, ni conoce el futuro que le espera. Ser\u00e1 la segunda ocasi\u00f3n en la que escribo a un desconocido encarcelado. La privaci\u00f3n de la libertad de las personas que hablan por todos es tambi\u00e9n una p\u00e9rdida para los que quedamos libres. A pesar de las profundas diferencias en la relaci\u00f3n, quiz\u00e1s comience con las mismas palabras de Oscar Wilde a su amigo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cDespu\u00e9s de una larga e infructuosa espera, me he decidido a escribirte, y ello tanto en tu inter\u00e9s como en el m\u00edo, pues me repugna el pensar que [&#8230;] nada he sabido de ti, fuera de aquello que hab\u00eda de serme doloroso.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con quince a\u00f1os, hice algo que las j\u00f3venes solitarias hac\u00edan en aquella \u00e9poca aun de las cartas; escribir a un preso. Contest\u00e9 a un anuncio por palabras que vi en un peri\u00f3dico por casualidad. 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